Fue un verdadero desafío que disfruté a pleno, porque el respetuoso silencio durante la exposición se combinó con la cantidad de mensajes que una platea increíble hizo llegar "en vivo".
En buena hora que este tipo de cosas se dispongan en los rincones de Buenos Aires, porque demuestra que hay mucho más interés del que suponemos en el misterio que representan episodios en los que las luces y naves no convencionales sucan nuestros cielos, mientras entidades desconocidas se desplazan por las zonas rurales.
Mientras la vida transcurre como siempre, es bueno hacer un alto y prestar atención a eso que "está ahí".
